Archivo para 27 marzo 2008

Churrasco

Para los gallegos, para los que tienen amigos gallegos y para los que han estado en Galicia. Es casi casi como decir para todos, pero con las espaldas cubiertas. 

(Esto saldrá el viernes en La Voz de Galicia, ya podéis sentiros como si hubieséis visto el futuro)

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En Galicia podrá faltar de todo, pero siempre sobrará comida. Hay mil fiestas gastronómicas, desexagerando, porque estoy seguro de que me he quedado corto. Todas las fiestas que se te ocurran ya están inventadas. Sin duda. Si estabas pensando en organizar la fiesta del chorizo con Nocilla, seguro que llegas tarde, en alguna aldea remota irán por la novena edición. Y en la de al lado harán la del salchichón con Pralin.  Para no ser menos. A mi incluso me suena que hay hasta una fiesta de los Choco-Crispis cerca de Gondomar…

Pese a que pueda parecer paradójico, en el mundo de las fiestas gastronómicas, que el producto al que se le rinde homenaje sea típico de la zona es lo de menos. El tan aclamado pulpo gallego se ha hecho célebre gracias al San Froilán de Lugo. Con dos coj… tentáculos. Pulpo que por cierto, en gallego se llama “polbo” y que a todos nos entra la risa floja cuando oimos llamarlo así, como diciendo, “¡jajaja! ¡Ha dicho polvo! ¿oíste? ¡Polvo a la gallega! Pues que quieres que te diga, ¡yo a la asturiana también me la tiraba! ¡jajaja!” Haciendo así gala de nuestra madurez.

Pero dentro del incomparable elenco de delicias autóctonas, si hay un manjar con capacidad de coexión universal entre los gallegos, es el churrasco. El churrasco sirve para todo, lo mismo se hace para celebrar  el noventa cumpleaños de la bisabuela que para cerrar un negocio, o sirve de punto de partida de una despedida de soltero. Del punto de finalización no estoy autorizado a hablar.

 

Si no fuese por el churrasco la mitad de los gallegos no sabrían lo que es una playa. Que van a ella por la comilona y el tute de la sobremesa.

La importancia de las churrascadas en nuestra cultura es tal que más de uno cuando se compra una finca para hacerse un chalecito le dice al arquitecto, “aquí pon la parrilla, y la casa hazla como te dé la gana”. Es más, en muchos casos en la finca sólo llega a haber una cerca y una parrilla, porque su dueño se da cuenta en ese momento de la obra, de que no necesita nada más para ser feliz. Bueno si, carne que asar en ella.

Y aquí entra en escena uno de los grandes misterios de la cultura gallega, ¿cuántos kilogramos de carne corresponden por persona? Nadie lo sabe. Nueve de cada diez carniceros afirman que la medida estándar de materia cárnica es de 500 gramos y un criollo por C.G. (Churrasquista gallego, si es de fuera con 300 gramos y medio criollo basta). Pero no se ponen de acuerdo en si la panceta va o no va incluida. Y tampoco es lo mismo comerlo con pan que con patatas y en salada. Que siempre hay quien dice, “-¡Qué harto estoy, comí mucho pan! -¡Cómo si cada rebanada no llevase encima dos tiras de costilla, cabrón…!” Aunque de lo que si que estoy convencido es de que hacen los cálculos teniendo en cuenta el índice de abundancia congénita, esto es, que si el carnicero te dice que te llega con diez kilos, tú te llevarás de doce a catorce. Por dos motivos, uno, antes muerto que escaso. Y dos, el gusto que da poner la carne en la mesa con cara de “no hay güevos a terminarse la fuente” y que tus invitados te digan cuánto te has pasado.

La consecuencia directa de este exceso de comida intencionado es que todos nos hayamos auto-obligado a creernos la mentira de que el churrasco recalentado está bueno, cuando sabemos que está más seco que un bosque de eucaliptos en pleno Sahara. Y sólo por no sentirnos mal por tener que tirarlo. Que si Pancho, el perro de la primitiva, hubiese sido gallego, en vez de fugarse con el boleto premiado le hubiera hecho al dueño el chalé con parrilla para agradecerle las sobras de toda una vida.

Barrio Sésamo

Espinete

A mí, como a todos los que fuimos infantes en los ochenta, me gustaba mucho Barrio Sésamo. Aprendí muchas cosas gracias a su estupenda filosofía de entretener enseñando, conceptos fundamentales como “arriba” o “abajo”, “delante” o “detrás”, ¿en tu casa o en…? Todos ellos en mucho menos tiempo del que lleva adiestrar a un Pokémon. Y me enseñó a contar un vampiro, que eso es algo que no lo puede decir todo el mundo.

Aún así, lo cierto es que esta serie, que fue un hito mayor para la programación infantil que Los Vigilanes De La Playa para la programación hormonil, generaba incongruencias que saltaban más a la vista que los errores gramaticales de Rosa de España, quien por cierto no tuvo mejor fonetista para su “Euros livin a selebreishon”, que Rodolfo Chikilicuatre para su “Chiki Chiki” con su “¡Uno! El breikindance”.

Pero a lo qué íbamos, el caso es que yo puedo llegar a entender que Espinete y Chema hacia el final de la serie, o ya por la mitad, fuesen muy amigos, porque Espinete mal tío no era, -y hablo de amistad-, que nadie interprete otra cosa. No seré yo quien difunda rumores acerca de tendencias zoofílicas sobre el panadero de tan reputado barrio. Bastantes rumores hay ya acerca de otros personajes… Lo que ya no alcanzo a deducir es cómo se conocieron. Porque tú vas por la calle, tranquilamente, pensando en tus cosas, y ves que viene de frente, por la otra acera, un erizo de dos metros y pico, que camina erguido, rosa. Que no Rosa. Si no sabes que es Espinete, ¡te cagas de miedo! ¿O quién es el valiente que cruza, se le presenta y le da la mano? Vale, el Chema arriesgó y le salió bien, ¿pero qué necesidad tenía de haberlo hecho con toda la gente entrañable que había ya en Barrio Sésamo? Porque además, si os acordáis, Espinete era un tío que de entrada no caía bien, porque llevaba un rollo pandillero muy extraño, todo el día por ahí de caponatas con Don Pimpón, que era una especie de Paquirrín granjero sin afeitar. Daba que pensar. Con esos andares que tenían, que parecía que iban haciendo “¡dos! el crusaíto”. Y al mismo tiempo ninguno de los dos movía los ojos, para mirar a un lado o a otro tenían que girar el cuerpo entero. Tenían que hacer “¡tres! el Robocop”. Y eso, si estás con ellos y no los conoces, te hace sentir incómodo.¡Qué con ese campo de visión tan reducido necesitaban copiloto para jugar al Scalextric! Y dentro de lo malo, Don Pimpón aún tenía unos ojos como Dios manda con sus iris y sus pupilas. Espinete tenía dos tristes puntos negros de peluche. Que yo me creo que pudiese ver a través de ellos porque con lo bien que se desenvolvía, es más difícil de creer que no pudiese ver, pero debía de ser bastante incómodo. Te entra una mota de polvo, ¿y cómo te la quitas? ¿Te pasas la aspiradora? Que esa es otra, ¿qué sabemos de la higiene personal de estos dos sujetos? O se lavaban en seco o si se duchaban era imposible que secasen de un capítulo para otro. Eso está claro. Y en lugar de desodorante, ¿usarían Febreezze absorveolor?

A consecuencia de todas estas incongruencias la trama resultaba insostenible y Barrio Sésamo fue retirado de antena dejando todas las líneas argumentales abiertas. Y así, aún es hoy el día en qué desconocemos si Chema ha sobrevivido a la crisis mundial de los cereales o si su pequeño establecimiento ha sido absorbido por una emergente panificadora de Carral, o de Cea. O si Triki ha logrado desengancharse de su adicción a las galletas o nos lo encontraremos tirado una mañana en cualquier acera pidiendo un euro para comprar María, -Dorada-.

Fuera como fuese, y para ilustrar lo que os digo, imaginaos que ahora, según volvéis de comprar el periódico, veis venir de frente a un erizo de dos metros y pico, que camina erguido, verde. ¿Qué hacéis? ¿Cruzáis y le dais la mano? A lo mejor es un tío genial, como Espinete, pero a lo mejor es el Anti-Espinete y es un mal nacido que se dedica a apuñalar a la gente y os tenéis que largar por patas haciendo “¡cuatro! El Maiquelyason”. Perrea, perrea.

(Esta historia fue publicada el pasado viernes 14 de marzo en La Voz de Galicia)

La Gran Revelación de Tresillos Monleón

Tomen asiento.

( Esta es una historia que mis más antiguos lectores de mi Fotolog recordarán, ahora la dejo aquí para los recién llegados, un pelín corregida por cierto)

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Domingo, -el día coñazo-, diez de la noche, hace ya un rato que tengo el hambre que hay que tener para desincrustarme del sofá y emprender una expedición hasta la cocina en busca de víveres…

Nada en la despensa, sabía que no iba a haber nada, pero siempre la abro con la esperanza de que se haya autogenerado algo… ¿Y en la nevera? Otro tanto, of course…
También la abro y desde su vacio interior me mira como diciéndome, “tuviste todo el día para hacer la compra, ahora jódete, o cena hielo, ya que ni siquiera me limpias…”

“¿Qué cenamos, Rober?” Me pregunto a mi mismo. Me doy cuenta de que todavía estoy vestido y no en “modo sueño”, con mi pijama de felpa “Sport Championship”. ¡Ahora o nunca”, me digo, “He de aprovechar esta circunstancia de óptimo estado textil para bajar a por un bocata.” La aprovecho. Voy al bar de enfrente. Es cutre pero tiene una excelente relación proximidad-precio…

Mientras espero a que se descongele en la plancha la materia grasa que rellenará el pan busco el periódico para entretenerme, quien sabe, a lo mejor el mundo se habia vuelto interesante.

Ni rastro de cualquier publicación diaria. Le pregunto al camarero, sin mirarme me contesta, “No hay, pero puedes leer la guía…” Él no lo sabía, pero con su sarcástica propuesta iba a alegrarme el día. Busco la guía, ¡qué despliegue! 2003, 2004, 2005, 2006, todas en versión de páginas blancas y amarillas, también QDQ. Paradojas de la vida, en el bar no hay teléfono público…

“Ya puestos, vamos a leer la nueva”, me digo. La levanto y de entre sus páginas cae un calendario de la liga de fútbol 2007-2008 en una fantástica edición de bolsillo a todo color cortesía de “tresillos Monleón, Nº1 en Sofás”. Por si alguien lo dudaba… Are you talking to me, Ikea? Me la agencio. La abro con más intriga que en un capítulo bueno de Angela Fletcher. La primera página ofrece un dato estadístico que riéte tú del INE:
“¿Sabía usted, que EL SOFÁ es el mueble MÁS USADO en el hogar después de la cama y en muchos casos más que la cama? “No, no lo sabía”, pienso, pero ahora ya sé que fue un error amueblar mi salón con un aparador, dos alacenas, y una mesa camilla. Continúo leyendo con la tranquilidad que da saber que ya no volverás a cometer un error: “LOS RATOS MÁS DICHOSOS SUCEDEN EN EL SOFÁ”

El secreto de la felicidad en un almanaque balompédico. Cágate. Bienaventurados sean sus poseedores porque ellos llenarán de júbilo sus vidas. A este paso, la siguiente línea revelará el secreto de la vida eterna, ¡no aguanto más! Y leo, “¿SABÍA usted, que en TRESILLOS MONLEÓN fabricamos… bla, bla, bla…” A partir de ahí todo publicidad, me decepciona pero me parece justo, la llave de la felicidad a cambio de un anuncio. Trato hecho, pienso y sigo pasando las páginas. Fútbol, imagen corporativa, fútbol, camión de sofás, más fútbol, sofás fuera del camión… Empiezo a perder la fe. Fútbol otra vez…

 

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Daba por hecho que ya no iba a aprender más misterios de la vida con mi nuevo calendario pero la última página, se reservaba lo mejor, un buen final salva una peli mala, ¡y por supuesto una guía regulera! Bajo el esperanzador e inquietante título “UN POCO DE HISTORIA”, leo información extraída directamente de los más antiguos papiros, jeroglíficos interminables que ocultaban verdades incontestables… Agarraros a la silla:

“Cuando fenicios y celtas a nuestras costas llegaron (compartían barco, por lo visto, debían ir a medias con los remeros), sentarónse sobre piedras porque venían cansados. (Toma ya!)

“Las piedras eran muy frías y duras para el descanso, por eso nació la idea de hacer de madera “bancos”” (el entrecomillado de “bancos” es para remarcar tan reciente neologismo, gracias querido transcriptor)

“Y pasaron muchos años piensa que te pensarás (fechas inciertas se supone) hasta el invento glorioso del muy cómodo “Sofá”.
Había un celta muy pillo al que le gustaba el relax y que no paró de pensar hasta inventar el “Tresillo…””

Hasta aquí la GRAN REVELACIÓN de tresillos Monleón (Yo también se hacer pareados!)

El resto es todo una mezcla de publicidad camuflada en el refranero popular.

Espero que tras la lectura de esto que escribo os envuelva un halo de sabiduría que os haga resplandecer…

En medio de mi estado de absoluta abrumación, el camarero simpático me trae el bocata. Se lo pago pensando en que tendré que comérmelo en la cocina, que esa cosa pringosa no es digna de mi sofá. Es más, ni siquiera sé si yo mismo lo soy. Lo único que me preocupa es que ahora tengo un altar tresillo-masónico metido en un salón-capilla y todavía no he establecido un horario de visitas. Ni el de las liturgias. En fin, poco a poco.

Por cierto, la contraportada de esta especie de libro miniado nos descubre una última advertencia:

”EL ESTADO DE SU SOFÁ REFLEJA SU NIVEL DE VIDA”
Así que ya sabéis, si el vuestro todavía no tiene el contorno de vuestras posaderas rehundido, es que vuestro nivel de vida deja mucho que desear…


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