Archivo para 25 julio 2008

Champú, cuchillas y otros secretos de familia

Mi padre es un hombre de los de toda la vida. En su neceser sólo hay un cepillo de dientes, un after shave, al que el llama “el masaje”, no porque no escueza sino porque comparado con el Varón Dandy es como darse una sesión completa de talasoterapia. ¡Qué mira que escuece! Que el tío que le puso el nombre de “brava” al Agua Brava, probó el Varon Dandy y se le cayó la cara de vergüenza. Pues eso, que lleva el cepillo, el masaje, un jabón y un champú. Y el jabón le da igual que sea Nivea que Lagarto, que no los distingue. De hecho yo creo que si cojo un taco de madera, le grabo con una navaja “Avena Kinesia” y lo pongo en el jabonero, como máximo comentará que no hace mucha espuma.

Esto era lo que yo creía, pero el otro día no os podéis imaginar hasta que punto me sorprendí cuando le escuché recriminarle a mi madre que se había confundido comprándole el champú. Que él usaba anti-caspa pero en versión “cabellos normales que se engrasan rápidamente”. Ya veis, ¡cuándo crees que ya lo sabes todo sobre tu padre, vas y descubres que eres hijo de “Miss Pelo Pantene”! Si le llega a haber comprado Benecol en vez de Danacol no le vuelve a hablar en la vida. Me lo imagino mirando a mi madre fijamente y diciéndole: “Has traicionado a mis triglicéridos, no sé si podré perdonarte algún día…”

Tanto me intrigó este hecho que no pude resistirme a averiguar que otros trucos de belleza ocultaría mi padre, un hombre que hasta ese día creí que acariciaría a mi madre con el anverso de las manos antes que echarse crema en las palmas por tenerlas ásperas. Y sé que es de mala educación curiosear en baños ajenos, pero era el baño de mis padres, si me descubriesen que iban hacer, ¿llamarme maleducado? Eso sería como llamarse a si mismos malos educadores. No arreglarían nada. Y además, que leches, hay confianza.

Lo primero que me llamó la atención fue ver que se había pasado de la espuma de afeitar al gel, que ya dicen en el anuncio que es mucho mejor porque cubre toda la superficie de la cara. Lo qué no sé es por qué siguen vendiendo la espuma, ¿para quién le guste hacerlo difícil? Junto al gel estaba la máquina de afeitar, porque mi padre siempre fue una persona que hace las cosas con lógica. El gel al lado de la cuchilla, el martillo al lado de las puntas, el calzador al lado de los zapatos, el mando de la tele al lado de las cervezas. Observé que la maquinilla de afeitar tenía cinco hojas. Recuerdo no hace muchos años, cuando me afeitaba poco más que el mostacho, que los de Gillette sacaron una máquina con dos cuchillas y te la vendían como si fuese la evolución definitiva, con ella apurabas el doble. Me la compré al día siguiente de su lanzamiento. No la compré el día del lanzamiento porque me parecía un poco peligroso salir de casa un día que sabes que van a lanzar a la calle cuchillas de dos hojas. Era una idea brillante, pero en Gillette, lejos de relajarse, un par de años después se dieron cuenta de que con tres hojas te afeitarías aún más rápido y sacaron la Gillette de tres hojas. Dos años más tarde con cuatro y sacaron la de cuatro, y hace poco, con cinco, y han sacado la de cinco. ¡Cómo les lleve otros dos años darse cuenta de que con seis hojas todavía se puede tardar menos, es para ir a la fábrica y llamarles imbéciles uno por uno!

Pero si hubo un hallazgo en el cuarto de baño que me superase completamente fue ver una crema facial que era estupenda porque contenía “retinol”. Que es de esas cosas que con ese nombre por fuerza tiene que ser buena, como el Omega3 o el Bifidus activo. Así que me enteré de que era exactamente el “retinol”, y es, ni más ni menos que Vitamina A, claro que no pueden llamarla por su nombre de pila porque sino todos sabríamos que lo único que están haciendo es venderte queso, huevos o leche, pero que no te los puedes comer. Claro que eso si, la crema es de suponer que al menos no tendrá colesterol, sino después de echárnosla, tendremos que lavarnos la cara con Benecol, digo Danacol, que no vaya a ser que la volvamos a líar…

Merlín se vende barato…

Parece mentira que la informática, una tecnología completamente basada en combinaciones lógicas de procesos matemáticos, resulte tan absurda. Y frívola, sobre todo frívola. A ver, yo no digo que mi portátil tenga que soñar con ovejas eléctricas como los androides de la novela de Philip K. Dick. Pero sí me paso más horas con él que con mi familia, mis amigos, mi perro si lo tuviera y los ácaros de debajo de mi cama, podría al menos estar un pelín humanizado. Sinceramente, creo que ese es el gran fallo de cualquier sistema operativo, no utilizar la estadística para coger confianza contigo. Porque quedando todos nuestros movimientos registrados como quedan, me parece una lástima que no se aproveche esa información para que aparato y usuario vayan estableciendo una relación de familiaridad. Me explico, si cada día enciendes el ordenador a eso de las nueve de la mañana y lo apagas a las ocho, en vez de la musiquilla de inicio de sesión, ¿no podría salir un mensajito de buenos días? Y en vez de la de cierre, un mensajito diciendo: ¿Qué? Por fin a casa, ya estarás hasta las güevos, ¿no?

Y sí, reconozco que esto sería para nota, que el ordenador supiese tus horarios y tu estado de humor al salir del trabajo, pero por ejemplo, lo que sería fácil de hacer y le añadiría un poquillo de sal a nuestro día a día informático sería que hubiese varias versiones de Windows que tuviesen las mismas prestaciones pero distintos caracteres. Estoy pensando por ejemplo en que hubiese un Windows Borde, y que en vez de preguntarte, “¿Está seguro de que desea apagar el ordenador?”, te preguntase, “A ver imbécil, decídete de una puñetera vez, o apagas el ordenador o lo dejas encendido pero no andes tocando las pelotas”. Y en contrapartida habría también el Windows Ñoño, que sustituiría la pregunta anterior por el mensaje: “Usuario (diga aquí su nombre), vida mía, ¿de verdad que me vas a apagar? Me partes el alma, no te parecería estupendo quedarte otro ratito, ¿qué me dices corazoncito?” O el Windows Sútil, que en vez de darte el aviso de “se ha producido un error fatal”, y emitir ese sonido tan estridente, simplemente carraspearía hasta que tú cayeses en la cuenta de que lo estabas haciendo mal. Y como estas podría haber todas las personalidades que se os ocurran.

Pero como pensar en este tipo de sensibilidades en unas mentes tan asépticas como la de los pupilos de Bill Gates parece una utopía, yo me conformaría, como decía al principio, con que la lógica se impusiera también en los pequeños detalles del uso de los programas. Porque a mi no deja de desconcertarme que si escribes en el procesador de textos de tu ordenador las palabras “Muy señor mío”, emerja un clip, sin haberlo llamado y te diga, con toda la arrogancia del mundo, “parece que está usted escribiendo una carta, ¿puedo ayudarle?” Que tú piensas, hombre, si me la llevas tú no la sello. Pero a poco alfabetizado que esté uno, le ofende que un clip le quiera explicar como se redacta una carta, y entonces, indignado, pulsas en la opción de cambiar el personaje del asistente, y te sale un perro muy majete moviendo la cola, y que dice, para tu sorpresa, exactamente ¡las mismas frases que el clip! Y ya, ofendido por completo, vuelves a cambiar y aparece una especie de mago merlín que también dice lo mismo y piensas, ¿cómo puede ser posible que Merlín, con todo lo que ha sido, haya aceptado ser igual de gilipollas que un clip y un perro sólo por salir en el Windows XP? La decepción no puede ser mayor. Queridos señores de Microsoft, sabrán mucho de programación, pero de construir personajes no tienen ni idea. De entrada, el clip sólo debería ofrecer sus servicios cuando la duración del texto superase una página, que para otra cosa no sirve, más que para sujetar hojas. Merlín, para ver si gracias a su magia consigue que el documento llegue a su destinatario, porque si hay que confiar en el servicio de correos lo mejor es recuperar al perro para que la olfatee por si acaso tiene que seguir su rastro cuando se pierda.

El niño se va con los gusanos… Adiós Sergio Algora

Ya veis, un post en dos semanas y ahora dos en un día…

Mientras escribía el post anterior, que ya era un pelín melancólico, desde las noticias de La2 tres palabras hacían que mi escucha se volviese activa: Muerto – Sergio – Algora. No soy yo muy dado a los obituarios, de hecho es el primero que realizo en este blog y el segundo o el tercero en toda mi vida.

Quizás el tío no era muy conocido para el gran público, pero yo sentía una gran afinidad por su gusto a la hora de componer canciones: Mucha ironía, buen humor, surrealismo y psicodelia en un contenedor pop. Un poco lo que yo intento llevar a mis shows. Por eso, aunque el título del post parezca macabro y no vaya con la línea editorial de ningún periódico, yo quiero imaginar que a él le hubiera gustado la ironía. No sé.

Coincidencia o capricho, estos días se me había dado por recuperar a su segundo grupo que había olvidado durante unos meses, La Costa Brava, como compañero en mi camino al trabajo. Así que mañana llegaré a Globomedia oyendo a una leyenda del pop, en lugar de a un grupete indie majete, sin cambiar de cedé. De momento, ya he movido sus discos, del estante de los de Love of Lesbian o Manos de Topo, al del Sargent Peppers de los Beatles o los de los Small Faces.

Os pego la noticia de EL PAÍS:

Sergio Algora.

JOSE A. NAVAS

MADRID.- Una de las voces más importantes de la música alternativa española se ha apagado para siempre. Sergio Algora, el que fue cantante y líder del grupo zaragozano El Niño Gusano, falleció la pasada madrugada en su casa mientras dormía.

El músico padecía problemas del corazón, según informa en su blog Fran Fernández, su compañero en La Costa Brava.

Sergio Algora nació en Zaragoza en 1969 y fundó El Niño Gusano, que nunca llegó a tener un gran eco mediático pero sí una gran influencia en otras bandas, en el año 1993. En su música se conjugaban unas letras de tintes surrealistas con un sonido pop que jugaba en ocasiones con la psicodelia.

Con el grupo publicó, entre 1995 y 2000, cuatro álbumes: ‘Circo luso’, ‘El efecto lupa’, ‘El escarabajo más grande de Europa’ y ‘Fantástico entre los pinos’ -una recopilación de caras B-. La banda está considerada como una de las más importantes de lo que ha venido a conocerse como ‘indie’ español de los 90, escena que compartieron con grupos como Surfin’ Bichos, Los Planetas o Family.


Tras la desaparición de El Niño Gusano, Algora participó en el proyecto Muy poca gente, mientras otros miembros de la banda crearon Tachenko.

Actualmente, Algora formaba parte de La Costa Brava, grupo que creó a partir de Muy poca gente junto a Fran Fernández, ex miembro de Australian Blonde. La formación debutó en 2003 con ‘Déjese querer como una loca’ y desde entonces había publicado otros cinco álbumes.

Además de músico, Algora era también escritor y publicó cinco libros de poesía, uno de relatos y una obra teatral. En la página de Club Cultura escribía un blog, donde se pueden leer algunos de sus últimos escritos.

Y por supuesto, os dejo un par de vídeos:

El Niño Gusano:

La Costa Brava:

¡Chau Sergio!

Poquito a poquito voy haciendo el caminito…

Nunca contesto a los comments de los post, a veces por falta de tiempo, a veces por vagancia, lo reconozco… Pero en estos días complicados de debut precipitado y nervios varios, tengo que agradecer más que nunca vuestro apoyo ante esos que me han visto como “el asesino de Ángel Martín” y me han crucificado sin dejarme nacer, o simplemente ante el reto que supone este nuevo puesto que me han confiado, aunque no haya premios para el comentario 50, ni para el 51. Así que a mis incondicionales Ruth, Telepatético, Galahan (El Padrino…) que me apoyan desde sus blogs a capa y espada. Y a todos los que me habéis descubierto en El Rey, anunciando cerveza, o me recordábais de verme hace años en un garito y me demostráis vuestro apoyo, gracias también. Gracias a Strigoyu por su crítica diaria, aunque  no sea demasiado objetiva. Y por supuesto, a los que me conocéis desde mi debut en LaSexta y tenéis paciencia conmigo.

A los demás, a los que se dedican a insultar (que no a criticar, que desde el civismo, cualquiera puede manifestar su disgusto por mi labor), que si soy gordo (vaya observación…), que si soy un enjendro, que si soy subnormal, que si no le hago gracia ni a mi puta madre, que si cualquier retrasado lo haría mejor. Como no pretendo abrir un debate acerca de internet y la libertad de expresión, sólo les diré que llevo seis años en la senda del humor, ese es el tiempo que me ha llevado llegar a donde estoy, ya sé que comparado con los cuarenta que se tiró Moisés andando por el desierto no es tanto, pero es tiempo de cojones… Así que si tan sobrados se ven, les invito a recorrerlo.

Besos para todos.


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