Archivos para 15 abril 2008

La República Independiente de mi casa

Llamadme adalid de la globalización si queréis. Pero reconozco que en mi reciente instalación en la capital, ha habido una “pequeña” mueblería sueca que me ha facilitado bastante las cosas. Ir allí es como si lloviese a gusto de todos. Hay cosas buenas (caras) y cosas malas (baratas). De hecho no estaría mal que al entrar te preguntasen lo que has comido. Si has comido una fuente de santiaguiños y un chuletón, para el lado caro. Si tu almuerzo se ha limitado a un pedazo de pan duro con mortadela, para el barato. Lo bueno es que las cosas baratas (malas) no son feas. Por eso hago el símil del pan, porque aunque todos preferimos comer algo más que pan, -los santiaguiños sin ir más lejos-, el olor del pan es apetitoso, aunque pienses, “que triste es mi vida, estoy comiendo pan solo”, lo hueles y te gusta.

 

Otra cosa buena es que todas las cosas tienen unos nombres raros en sueco, que aunque son difíciles de pronunciar, sirven para que aún sin tener ni idea de decoración, sepas combinar. Por lógica la mesa “Lack” combinará con la estantería “Lack” y el sofá “Klippan” con la funda “Klippan”. Obvio. Ojalá hiciesen lo mismo en Zara y le pusiesen nombres a las prendas, así sabrías que, por ejemplo, el jersey “Xeitosiño” da bien con el polo “Xeitosiño”, o que a la camiseta “rompoconlapana” le va el pantalón “rompoconlapana”. Podrías ir más chulo que un ocho con garantía Inditex.

 

Hace poco en la tele ponían un anuncio que parodiaba el montaje de sus muebles. Que si pon la tuerca “Skronsen”, que si atornilla la balda “Glonsen”… No es para tanto, al menos se montan con destornillador y no se necesita usar cola, que la odio. La cola es esa cosa blanca, pringosa que viene en tubos como los del dentífrico, deja pegotes allá por donde pasa y lo peor de todo, ¡qué no pega! Vamos, que la cola es una  pasta de dientes tóxica. El colgate de los chinos es cola. La cola sólo vale para desesperarse, acabar hecho un cristo, de mala leche y con las piezas del mueble sin pegar. Si trabajas con cola y no atraviesas ninguna de estas fases alcanzas directamente el Nirvana. La cola sólo debería servir para una cosa: para obtener una licencia que te permita comprar Loctite. Si llegas a la tienda y pides un tubo de Super Glue, el dependiente te saca una figurita rota en cuatro o cinco pedazos, si consigues pegarla con cola y no pringarte te vende el Loctite y sino no, pues lo más probable es que si te lo llevas acabes en urgencias con los dedos pegados al jarrón y el jarrón a su vez, pegado a tu cara.

 

Pero no todo son ventajas. A mi el sofá me vino sin patas. Y fui a hacer una reclamación pensando: “¿Serán como los de El Corte Inglés, que te cambian hasta un bocadillo mordido sin pedirte explicaciones? ¿O me harán dar más vueltas que Marco buscando a su madre? Por suerte me dieron las patas. Y menos mal, porque en el salón no se juega, y con los clientes tampoco.

Columpios peligrosos

Hoy en La Voz de Galicia se me ha dado por hablar de los columpios y de sus inseguridades: 

Hace un tiempecillo leí en un prestigioso periódico cuyo nombre no diré por no tirar piedras contra mi propio tejado, una noticia un poco absurda. Personalmente siempre he sido de la opinión de que cuando no hay noticias suficientes para completar la edición de un periódico, es mejor que hagan más grande el crucigrama o que incluyan dos sudokus, que hay gente que se aburre mucho. Incluso sería mejor que contratasen a alguien para escribir tonterías sobre dentífricos, ultramarinos, churrasco o columpios, ¿o eso ya lo hacen? En fin… La noticia en cuestión contaba que los parques infantiles gallegos incumplen las normas de seguridad, y recogía un profundo análisis de los problemas que padecían. Me llamó la atención leer que más del 50% de los columpios de Galicia eran peligrosos porque había riesgo de quedar atrapado en ellos, que si yo tuviese un hijo y se quedase atrapado en un columpio iría al registro de familia o a donde leches haya que ir a devolverlo, ¡que yo a ese hijo no lo quiero! ¡Por inútil! ¿Es que cómo te puedes quedar atrapado en un columpio? Que es una tabla horizontal con una cadena a cada lado, ¡es imposible! O si no que busquen en la hemeroteca titulares del tipo, “Niño de seis años pasa nueve días atrapado en un columpio y sobrevive alimentado por las palomas”, o “Hallada muerta la niña que no sabía como salir del tobogán”. No hay. Estoy seguro. Y es más, ¿qué es lo que hace que en el otro cuarenta y pico por cien no exista este peligro? ¿Tienen salida de emergencia? A este paso les acabaran poniendo un extintor también. No vaya a ser que se incendien y no de tiempo a evacuar. Que de todas formas me parece el colmo, que los columpios por encima de haber pocos, sean peligrosos. Porque haced un calculo rápido de los columpios que hay en vuestro pueblo o barrio y el número de infantes en edad de columpiarse, os dará una proporción de aproximadamente un columpio por cada quinientos niños. Que yo me acuerdo de que cuando era un chavalín los domingos mi padre me levantaba a las seis para ir al parque, y me decía: “Vamos Rober, levántate que sino no cogemos columpio”. Y eso que muchos niños no se atrevían a ir por miedo a perder sus rodillas en la gravilla. Que ahora con el suelo de caucho cualquiera hace el cafre. Que así andan de envalentonados los niños de ahora.

En una ocasión al subirme al columpio, chirriaron las cadenas y mi padre se percató de que una de ellas estaba apunto de romperse. Mi padre, como buen ciudadano que es, advirtió de esta cuestión a un agente de policía que pasaba por allí, a fin de que se señalizase de algún modo este peligro potencial, a falta de medios para su subsanación, y adelantándose así veinte años a las preocupaciones de la Xunta que hoy me traen a mi a esta página. El agente tras examinar atentamente el estado de la cadena, concluyó, “No pasa nada, porque la cadena del otro lado está en perfecto estado”. Nosotros por si acaso nos fuimos…

Otra cosa alarmante dentro de este profundo estudio era que al menos un 60% de los juegos infantiles de los parques no cuentan con una plaquita que indique que ese columpio, tobogán o lo que sea cumple el Real Decreto 2003/nosequé, que yo ya me estoy imaginando a los niños llegar todos ilusionados al parque, felices de encontrarse los columpios libres, frenarse en seco y decir, “Vámonos al otro parque que este no sbemos si cumple con el Real Decreto…”

Pero, paradojas de la información, días más tarde, en la sección local hablaban de un parque en cuyos juegos infantiles aparecen cada fin de semana preservativos usados. ¡Para que luego digan que no se cumplen las recomendaciones de seguridad! Otra cosa es que los juegos sean infantiles…

Y hablando de columpios peligrosos, pocos columpios más peligrosos puede haber que un columpio asesino (eso si es hilar los temas, ¡eh!), grupo que recomiendo a todos los que lo desconozcan:

El Columpio Asesino: Floto

 


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