Archivo para 29 septiembre 2008

No hace falta ir a LaSexta para llevarse mal con Telecinco

Tal vez alguno se piense que la puerte de Tele5 se me cerró el día que entré en LaSexta, pero no, yo ya llegué a LaSexta con las puertas de la cadena “amiga” cerradas a cal y canto. Qué por cierto, manda güevos que Tele5 sea la cadena amiga, el día que tengamos una cadena enemiga entran al plató y nos fusilan. Pero vamos al motivo por el que para mí esta puerta tenía el pestillo echado, para ello debemos remontarnos a finales de 2007, y más concretamente a El Rey de la Comedia, (ese programa que duró tan poco pero que a mi menos una portada en Interviu me dio de todo) y más concretamente a la quinta gala, no os pido que veáis el vídeo entero, sólo desde el minuto 3:30 hasta el 4:00 más o menos. Y sí, si lo queréis ver todo no pasa nada. Visto ahora hasta se puede pensar que le estaba guiñando  un ojo a los de mi futuro programa, como si ya conociese mi destino…

Pero a pesar de haberme metido yo solito en este berenjenal, he querido disculparme con el Señor Vasile como el que más:

Aparte de ver a los currelas de Telecinco grabándonos con el móvil y partiéndose de risa, como si ellos no entendiesen o participasen de la cruzada emprendida por su jefe, que ve vulneraciones a los derechos de autor con la misma facilidad que Bush encuentra armas de destrucción masiva; para mí lo mejor del sketch es vernos caminar estoicos, con decisión, como los Reservoir Dogs capitaneados por William Wallace -pueden quitarnos las imágenes, pero jamás nos quitaran a nuestro mañico y a sus videos de japoneses-, si fuesemos un batallón se diría de nosotros cosas muy distintas a las que se dicen ahora, a frases del tipo: “Ahí van los cuatro gilipollas a pintar el mono a Telecinco…” A la gente se le llenaría la boca de horteradas épicas, se diría que estamos dispuestos a morir con las botas puestas, a morir matando, a como decía el Che, a morir de pie antes que vivir arrodillados, a luchar por nuestra causa, a defender nuestra revolución… Nosotros sólo queremos pasarlo bien. Y que vosotros lo veáis.

Y por cierto, ahora que mento a la revolución, os voy a dejar un texto que me encanta, está escrito por el señor de la foto, es polaco, se llama Sławomir Mrożek y se titula “La Revolución”.

LA REVOLUCIÓN

En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.

Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedo más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.

Pero al cabo de cierto tiempo… Ah, si no fuera por ese «cierto tiempo». Para ser breve, el armario en medio también dejo de parecerme algo nuevo y extraordinario.

Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando la vanguardia es ineficaz, hay que hacer una revolución.

Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar de la hinchazón de pies y de los dolores de columna. Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez «cierto tiempo» también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no llegué a acostumbrarme al cambio —es decir, el cambio seguía siendo un cambio—, sino que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.

De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama. Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio, porque el armario en medio me molestaba. Ahora la cama está de nuevo aquí, el armario allá y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.

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OREO: La galleta que podría cometer un genocidio

Yo no soy mucho de galletas, pero cuando me apetecen galletas, quiero galletas, no sucedáneos híbridos con aspiraciones dietécas, llenas de fibra y centeno que son como masticar mimbre. Por no hablar de las que llevan soja. Que hay que joderse con la soja y su versatilidad, que si leche, zumo, galletas, pan, aceite. Sólo falta que sirva de combustible y se acaba la crisis energértica de un plumazo, o de una cosecha, mejor dicho. Porque da para todo, y eso que yo creo que la mayoría de la gente ni siquiera tiene muy claro lo que es. Pero tiene más usos que el aloe-vera, que tampoco sé lo que es, por cierto. No será para tanto…, la soja es una legumbre, dirá alguno. Ya… Pues dibújala. ¿Quién sabe dibujar una soja? Ni dios, es la verdad. A la mayoría os saldría mejor un dibujo del botafumeiro de la catedral de Santiago hecho de memoria, que el de la puñetera soja. Pero tranquis, que yo soy un tío que para escribir se documenta. Resulta que la soja es una planta leguminosa, una especie de judía procedente de Asia. Que di tú, que sí es judía y es asiática tiene que ser rentable y productiva a la fuerza, pero de ahí a que dé para hacer todas esas cosas, ya me parece un pelín exagerado.

Y el otro día quería galletas, galletas golosas, no galletas María de esas que sin un tazón de leche no saben a nada. No, yo quería, crema, cacao, larpeirada*, que se dice. Y me compré unas Oreo. Sí, ya sé que no son la fiesta del colesterol para tener tanta ansiedad por devorar aceites vegetales, hay cosas peores, pero no sé, las vi, me las llevé y me dispuse a darme el homenaje. Abrí la caja, que es de cartón, después saqué un paquetito, vienen de cuatro en cuatro. Eso no se hace. Aunque sólo quieras una, sabes que te vas a comer las cuatro. Sí, habrá alguno que se coma dos, doble el plastiquito y vuelva a meter las otras dos en la caja. Pero os voy a dar un consejo, si conocéis a alguien así, alejaos de él. Esa persona es un amargado que no sabe disfrutar a lo grande de los pequeños placeres. Es más, os voy a decir una cosa, si os liáis con ese tío, es probable que a los cinco minutos de polvo se dé por satisfecho, y sin haber rematado la faena, se saque el preservativo, lo enrolle y lo vuelva a meter en la cajita.

Dicho esto y abiertas las galletas, me dispuse a comer la primera y no sé como, ni por qué, pero me sorprendí a mi mismo destapando la puñetera galleta. O más bien sí que se por qué, porque hace un par de años había un anuncio en el que decían como comer la galletita de las narices, y decían que había que destaparla. Y yo voy, y la destapo. En más de veinte años comiendo galletas Príncipe de Beukelaer, que son unas galletas con una estructura análoga, no se me ocurrió intentar destapar una, es más, si por cualquier motivo alguna venía rota con media tapita suelta te daban ganas de ir a partirle la cara a la cajera del súper por no meterlas en la bolsa con cuidado. Pero las Oreo, como te dicen en el anuncio que las destapes, vas, y las destapas, y yo desde que me di cuenta de esto vivo con miedo, con mucho miedo, con miedo por mi vida, porque sé que si en el anuncio de Oreo me dicen que me tire de un puente, sé que me voy a tirar.

*Larpeirada: En gallego, chuchería, dicho de algo que sea muy goloso.

Un futuro para Fluvi

En poco menos de una semana se acabará la Expo de Zaragoza, yo no he ido, ni lo haré en estos días que le quedan. Pero es que una Expo dedicada al agua, para los gallegos no es buen gancho. Nosotros tenemos una comunidad entera. Y no lo digo sólo por la lluvia, que se la podían llevar toda. Bueno, toda menos la que necesitan los labradores, que nunca les cae a su gusto. Sino también por los ríos, las rías e incluso las riadas. También por el mar, las termas, las fuentes, los manantiales y las bajantes que vierten a las aceras para no colapsar el alcantarillado los días de precipitaciones intensas. Pero ni por asomo vengo a esta página a hacer denuncias acuáticas.

Yo estaba pensando en qué va a ser de Fluvi, la mascota de la Expo. ¿A dónde irá? ¿Qué harán con él? ¿Qué va a ser de su vida una vez finalizada la Expo? Seguramente se convierta en otro juguete roto más. Como Cobi, Curro o Naranjito. ¿Alguien sabe donde están? No puede haber nada más duro que la vida de mascota de gran evento. Las crían para la gloria, nacen rodeadas de los mayores cuidados. En ellas todo está estudiado. Como en las top models. Pero en cuanto llega la clausura, a llorar a la habitación de su hotel. Adiós a las fiestas, a los flashes, a salir en todos los medios. Como cuando alguien decide que una modelo ha dejado de ser joven. Y hablando de mascotas llorando, ¿Naranjito lloraba zumo? Sí es así no quiero pensar de dónde salía la Fanta, que de zumo sólo tiene el 8% de zumo y además está gasificada. Las mascotas de los grandes eventos son como concursantes de Gran Hermano, mucha atención mientras dura la edición, pero en cuanto se termina tendrán suerte si salen en la portada de alguna revista posando desnudas. Me imagino la portada de la Interviú tras los juegos de Barcelona, anunciando en titulares: Las primeras imágenes de Cobi visto de frente, no se pierda el desplegable del interior. Pero a diferencia de las modelos, concursantes y demás fauna mediática de corta vida audiovisual a las mascotas las une un factor común que pocas veces vemos en los demás casos. Todas ellas son entrañables. Y eso, lo queráis o no, hace las cosas más difíciles. Con que cara le dices a Naranjito: “Lo siento ‘Naran’, ha sido un placer tenerte con nosotros pero ya no nos eres necesario. Toma, éste es tu finiquito. Siento que como el mundial sólo ha durado un mes no tengas derecho al paro”.  Me imagino a los directivos de la federación: “Díselo tú, no díselo tú, yo no, bueno lo echamos a suertes”. A Fluvi se lo dirán por SMS porque nadie tendrá valor de decírselo en persona.

Por eso yo creo que para evitar estos trances, deberían reutilizar a las mascotas. Por ejemplo, a Curro, lo podían haber aprovechado perfectamente para esta Expo. Ya tiene experiencia en expos, que no es algo fácil de encontrar. Su mentalidad es abierta e incluso progresista, sino no se explica que lleve la cresta teñida con los colores de la bandera gay. Y no me vale la excusa de que la expo está dedicada al agua y Curro es un pájaro, mientras que Fluvi es una gota. Que yo sepa la Expo de Sevilla no estaba dedicada a las aves y cumplió con creces. Y lo mismo con Naranjito, si lo dejasen apoyar la candidatura de Madrid 2016 abriría la puerta de la nolstalgia y una generación entera daría el corazón por la causa. Pero la vida no sabe a Sunny Delight. La vida sabe a Frenadol. Porque somos unos desalmados, así que no os extrañéis si un día os encontráis a Naranjito, a Cobi o a Curro al fondo de un callejón, con un tetrabick de vino y un atillo, calentándose en una hoguera hecha en un contenedor de metal. Querréis ayudarlos, pero quizás ya sea demasiado tarde. Y los remordimientos pesaran sobre vuestras conciencias, aunque sea sólo cada cuatro años.

El club de los renegados:

 

El 29 de agosto ya no es un día cualquiera

El 27 (no el 29) de agosto, pero de 2007, sobre la una del mediodía tomaba un café con hielo en la terraza del Café Colón en el centro de Carballo, mi pueblo, aunque a los políticos les guste llamarlo ciudad. Yo digo que es un sitio y punto. No está mal, es como tantos otros. Te gusta porque eres de allí, o lo odias porque eres de allí. Calentaba el sol porque en Galicia también hay días de verano. Y eso hacía que el momento fuese más agradable. El Café Colón es un bar normal, ni bonito ni feo, o feo si lo miro como si fuese un crítico de interiorismo, que para algo he estudiado. Tiene las mesas de mármol con patas de forja y sillas de madera con un aire antiguo que sólo son bonitas hasta que te das cuenta de que las hay en todos los lados, son al clasicismo lo que las mesitas bajas de Ikea a la modernidad. La barra también es de madera, con alguna moldura, pero sin dejar al carpintero ponerse barroco. Está dispuesta al frente, ocupando todo el ancho del local, que es más bien cuadrado, de manera que al entrar esperas encontrarte de cara con un camarero secando vasos minuciosamente, con su camisa blanca y su chaleco, como en las películas del oeste. En las paredes hay marcos de diferentes tamaños con fotografías que no lo visten de gala, pero lo tapan del desnudo. Es un sitio acogedor, eso sí, que es algo que ya quisieran para sí muchos bares de design con apellidos raros, como loungue, chill o boîte. Tiene aire de cafetería de toda la vida sin serlo y eso le da encanto. Si le quitas las pantallas de plasma encajaría en cualquier película europea de ambiente urbano de los últimos treinta años. A esto ayudan las mesas de la terraza, esas en las que estaba, -que no me olvido-, de aluminio, con esa especie de acabado pulido biselado, que son más bonitas que las de plástico pero que queman si el sol pica. Y lo que es peor, si te pones pensativo te reflejan los rayos en la cara. Gracias a eso he salido así de interesante en la imagen del banner de la página, que por cierto está hecha en Santander. Me acompañaban a la mesa, mis colegas Piti y José, ellos saben quienes son, así que voy a hacerles el feo de no describirlos en absoluto, en contraste con todos los datos que os he dado del local que nos reunía. Para colmo, si estás con ellos, el espacio es lo de menos. Sólo hacen falta café y cigarrillos, como en las historias de Jim Jarmusch, para que la conversación fluya en los momentos de atasco, dando vueltas como la cucharilla que remueve el azúcar, y perdiéndose siempre de su origen, como el humo de los cigarrillos. No sé si esta última analogía ha sido hortera, pero al menos es gráfica y está bien traída. En fin, allí estábamos los tres, acabando de despabilar la mañana antes de ir a comer cada uno a casa de sus respectivos padres, que en agosto no se cocina. Mi vida el pasado verano era bastante contemplativa, dos días a la semana trabajaba en la radio analizando la actualidad en clave de humor (¿a qué me recuerda eso?), un día hacía el guión y otro el programa. Los otros tres, dormía hasta la hora en la que salía de trabajar los otros dos anteriores. Después me iba a tomar el café de antes de comer y también el de después en mi bici holandesa, comprada en Alemania. Otro parecería bohemio subido en ella, yo, sólo friki. Por las tardes iba a la playa, si el día daba permiso, y si no me quedaba leyendo o viendo una peli. A los vagos se nos ha insultado y criticado tanto que hemos tenido que volvernos cultos para poder entender las agresiones que nos dirigían y sacar nuestras propias conclusiones. Que sensación tan agridulce para Darwing habría sido vernos, orgulloso por un lado de ver evolucionar a una especie pero jodido por otro, al ver que después de una vida dedicada íntegramente al estudio y a la investigación, los que evolucionamos somos los vagos. Pero vamos ya al grano que esto se está alargando y no sé cuantos lectores me habrán abandonado ya, llegados a este punto del relato.

En aquella mesa de aluminio la conversación, por una vez, no sé perdía en paranoias absurdas, ya que yo les pedía consejo a mis adorables coleguillas sobre si asistir al casting de “El Rey de la Comedia”, que se celebraba dos días más tarde en León, y que suponía mi última oportunidad de ir, pasadas ya las pruebas de las cuatro provincias gallegas y casi todas las de España. Yo no lo veía claro, por un lado no tenía confianza en que me cogiesen, y por otro, me daba vergüenza participar en esa historia que aunque no tenía demasiado que ver, tenía ese tufillo a O.T. que resulta inebitable en cualquier concurso de talentos. Pero ellos lo tenían claro, debía ir aunque después no fuese al programa si algo en el formato no me gustara. Si yo siempre me tuve por menos de lo que era, ellos por mucho más. Parecía sensato ir a encontrar el término medio. Yo sólo necesitaba dos cosas, que me asegurasen que no iba a estar internado en la “academia de los cómicos” y que los textos pudiesen ser míos. Confirmado esto, al día siguiente salí para León escoltado por otros dos de los grandes, Adrián, antiguo compañero de piso, e Iván, antiguo compañero de borracheras. Y no quiere decir esto ni que Adrián no se emborrachara conmigo ni que Iván no hiciese su vida en nuestro salón, previo paso por el Opencor con fines de aprovisionamiento etílico. El día 29 por la mañana pase la primera prueba junto con otros dos compañeros, previa grabación de unos paripés en plan “somos la repera, el festival del humor y el Rey de la Comedia va a ser la juerga padre, no os lo perdáis”. Esa misma tarde pase la final, dirigida por el ahora amigo Toni Gal-ahan y grabamos una celebración absurda en un parque infantil, -que yo mismo recordé en “Sé lo que hicisteis…”-, previa expulsión de todos los infantes que lo ocupaban y bajo la mirada amenazante de sus progenitores. Uno incluso me dijo: “Ya puedes ganar, después de jodernos media tarde”. Un mes más tarde, pasaba en Madrid la final de finales de todos los castings, y tres meses después cumplía los rencorosos deseos de aquel papá de León. Lo que vino después lo conocéis todos, una gira nacional en salas, estrenar mi show en teatros llenos, los artículos de La Voz, la campaña de Estrella con su gira, ¡incluso apariciones como artista invitado en “Lúar” (TVG)!, los guiones del programa y finalmente, la oportunidad de volver asomar por esa ventanita que desde que estoy yo seguramente sea un poco más tonta, pero más riquiña… Me daban dos meses, dos meses para recordar esa sensación que no tenía pensado olvidar de salir a un plató a contar tus propias reflexiones y desear que la gente sonría al oírlas.

Se acababa el mes de agosto, y empezaban a planear las sombras de la incertidumbre sobre mi cabeza, sobre cual iba a ser mi futuro a partir del mes siguiente, “…empezaban a planear las sombras de la incertidumbre sobre mi cabeza”, si después de esta frase os dijese que me atacó un orco, no os resultaría extraño. Pues bien, quiso el destino, el azar, la casualidad o el karma de “Earl”, que exactamente un año después, el 29 de agosto de 2008, mi director me comunicase que había decidido que me quedase en “Sé lo que hiciesteis…”., si yo lo tenía a bien. Cojo aire, resoplo, otro examen aprobado, he pasado de curso. Progreso adecuadamente (supongo). Cumpleaños feliz. Ahora sólo me falta acabar la carrera. Así que aunque ya no a diario, seguiré rondando por vuestras pantallas, cada vez que os paseéis por La Sexta. Dicho de otra manera: THE CORBATITAS IS STILL ALIVE!


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