Archivo para 30 marzo 2010

Power Balance

Últimamente a mucha gente se le da por llevar una pulserita de plástico llamada Power Balance. ¿Que qué es está pulserita? Pues según el fabricante, Power Balance es un holograma en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo, fabricado con MYLAR. Que lo de “mylar” suena así como a un material secreto de la NASA, pero es  como llaman los americanos al Polietileno Tereftalato, dicho con siglas PET, o lo que es lo mismo, el plástico de las botellas de agua, así que no os dejéis impresionar por el nombre.

Hasta aquí todo bien, una pulsera de plástico que está de moda. Pero es que la gente no la lleva por cuestiones estéticas, la lleva porque según sus fabricantes mejora tu fuerza, tu energía, el equilibrio y la coordinación y también la resistencia, el tiempo de recuperación, la flexibilidad, el enfoque y la concentración. Para flipar. Vamos, que te la pones puedes partir muros de hormigón con el culo, chuparte el codo y hacer gimnasia rítmica en un vagón de montaña rusa en marcha y todo esto sin cansarte lo más mínimo y al tiempo que mueves objetos por telekinesis. La Power Balance es así de maravillosa. De hecho, una vez se la pusieron a un conejito de Duracell y dio tres vueltas al mundo tocando su tambor. ¡En dos horas!

Supongo que todas estas mejoras que el holograma de MYLAR produce en nuestro estado físico ya os habrán hecho saltar de vuestra silla para ir a comprar una, pero si no es así, esperad a saber lo que reduce: el dolor, y la influencia de los campos electromagnéticos. Para flipar aún más. Es decir, que con ella puesta te pegas un martillazo en un dedo y ni te enteras. Y además si estás harto de que, cuando te acercas a la nevera, los imanes salten a tu piel, te pones la pulserita y dejará de ocurrir.

Y por si esto no fuera poco, se puede mojar. ¡Menos mal! ¡Sólo faltaría que te convirtieses en un súper hombre por llevar una pulserita y luego todos tus poderes se fuesen a tomar por culo por una salpicadura! De hecho, yo estoy convencido de que Superman no es de otro planeta, es un tío normal con diez pulseras Power Balance.

Para colmo, cuentan con famosos apoyando su uso, entre ellos Guti, que sigue sin poder aguantar corriendo medio partido, pero ya no hay after que se le resista y a las siete de la mañana se bebe copazos como si fuesen las diez de la noche. Y la infanta Elena, que supongo que está ahí por aquello de que la excepción confirma la regla.

Llegados a este punto, os estaréis preguntando, ¿cuánto cuesta convertirse en esta mezcla de Hércules, Buda y Aquiles (sin punto débil en el talón)? Pues más o menos unos 35 euritos. Que es muy poco si de verdad creéis que ésto va a ocurrir y es mucho si simplemente os parece un adorno de plástico. Vosotros juzgáis. Eso sí, como siga viendo cada vez a más gente con ella puesta, el mes que viene saco a la venta unos Power Macarrones que aumenten la masa cerebral. A ver si así la gente se vuelve sensata y deja de comprar gilipolleces, y yo de paso, me forro a su cuenta.

*Aquí os dejo la prueba de que funciona y que ellos mismos muestran orgullosos en su web. Igual es cosa mía, pero a mi me parece una de las demostraciones más fuleras de la historia…

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FACUA denuncia las pulseras Power Balance ante las autoridades sanitarias

Por atribuirles propiedades seudomilagrosas, como el aumento de la fuerza, la flexibilidad y la resistencia, y usar testimonios de famosos.

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Las calculadoras científicas

Una calculadora con bata, ¿es una calculadora científica? La respuesta es no. Las calculadoras científicas son unos cacharros mucho más complejos, o al menos yo nunca llegué a entenderlos.

Para mí en el instituto, lo más difícil para aprobar mates o física era conseguir entender la puñetera calculadora. Un buen día llegas a clase y tu profesor te dice que te tienes que comprar una calculadora científica, que a todo esto, las calculadoras científicas de científicas no tienen nada, porque que yo sepa, tú encierras a cincuenta calculadoras en un laboratorio durante diez años y no desarrollan una vacuna. Son en todo caso, calculadoras para científicos, que si vamos a eso, el boli Bic con el que haces los exámenes de física, también es un boli científico y mi PC con el Autocad de cuando estaba en la carrera, un ordenador arquitecto. Pero el caso es que para un estudiante el momento de empezar a usar una calculadora científica es como para un novio cuando su novia le dice que le va a presentar a sus padres, significa que la cosa empieza a ir en serio, sea la cosa la relación o los estudios. Pero si unos suegros son difíciles de entender, las calculadoras lo son más. Al menos los suegros de entrada parecen personas normales, las calculadoras científicas tienen dos mil botones, asustan desde el primer momento. Se suelen componer de dos partes bien diferenciadas, una con botones grandes y que es como una calculadora normal, y otra con botones minúsculos con abreviaturas indescifrables, que si llegar a saber para qué sirve cada uno es complicado, están tan pegados que acertar a pulsar en el que quieres usar es imposible. Están hechas a mala hostia. De hecho, yo creo que hay botones que no sirven para nada, sólo para qué te equivoques, que a veces no sabes si estás resolviendo un problema de matemáticas o jugando al buscaminas. Que yo tengo un amigo que se hizo físico nuclear e ingeniero aeronáutico sólo para ver si conseguía usar todas las funciones de la calculadora y aún así no fue capaz.Algunas teclas las llegué a odiar con toda mi alma, lo que más me cabreaba era que tuvieran dos paréntesis pero en el medio no hubiera un Kit-Kat. Y cuando creías que ya habías descifrado todas las abreviaturas y signos de las teclas, descubrías que encima llevaban escritas otras tantas abreviaturas o signos, que eran funciones alternativas. Y no sólo eso, si no que eran las que más se usaban, por lo que cada vez que tenías que hacer una operación tenías que pulsar “Shift” entre tecla y tecla para activar esas funciones, por lo que el riesgo de cagarla se multiplicaba por dos. ¡Qué presión! Darle al “Shift” antes de cada operación, ¡es imposible acordarse siempre! ¡Aún hoy no me acuerdo todos los días de levantar la tapa antes de mear y lo llevo haciendo veintipico años! Además, si te olvidas de levantar la tapa siempre puedes pasar un papelito y luego lo tiras al wáter, si te olvidas de pulsar “Shift” lo que va al wáter es tu trabajo de fin de curso.

Por eso estoy seguro de que la calculadora científica la inventó una madre. Sólo alguien así de previsor podría crear un aparato tan infernal, e igual que cuando estás haciendo la maleta para irte un fin de semana a la playa, te acaba metiendo un jersey de lana por si hace frío, un smoking por si en el chiringuito exigen etiqueta y hasta unos esquís por si de camino hay una montaña con nieve; a la calculadora le puso un montón de funciones de más por si en el recreo del instituto se te da por enriquecer uranio o calcular la velocidad de un meteorito a su paso por Saturno.

Pero lo peor de todo era que cuando por fin conseguías entenderte lo suficiente con la calculadora como para plantarle cara a la materia que estabas estudiando, llegabas al examen y te decía el profesor: “Os recuerdo que no se puede usar calculadora…”


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