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“SE BUSCAN”

Me paso la semana entre aeropuertos y estaciones de tren y me he dado cuenta de que siempre hay pegados carteles de “Se busca”, pero no son un póster grande con una cara gigante con la foto de un tío con cara de peligroso, no. Son hojas poco más grandes que un folio con quince o veinte rostros criminales en pequeñito, como si fueran una página de un álbum de cromos. Una especie de orla de malhechores, en plan: “ETA: Promoción 2010”. Y cuando los veo pienso, ¿de verdad hay alguien que retenga estas caras? ¿De verdad alguna persona se queda diez minutos mirando para el cartelito diciendo: “Voy a memorizar estas caras para ayudar a combatir el crimen, que a saber cuántas veces me he cruzado con un terrorista y no me he dado cuenta por no estar atento…”? Yo creo que no. Es que memorizar veinte caras así por las buenas tiene su dificultad. Y más si son etarras, que llevan todos el mismo peinado. Que yo me imagino a un radical vasco llegando a las oficinas de ETA, diciendo: “Hola, buenos días, vengo a apuntarme a los terroristas”, y el encargado de reclutamiento: “Muy bien, rellena este impreso y pasas a ese otro despacho a que te corten el pelo.” De hecho yo creo que el símbolo de la banda es una macheta porque es lo que utiliza su peluquero para talar esos flequillos… Pero volvamos a lo de las fotos de los carteles, porque si aún fueran fotos de cuerpo entero, pues mira, igual no te quedas con la cara pero sí con que uno mide dos metros, con que otro está de un gordo que revienta o con que otra tiene las tetas operadas, pero una foto de carné es imposible de recordar. Además todo el mundo sale mal en las fotos de carné, así que no creo que los criminales sean una excepción, seguro que si un día conoces a uno en persona, lo primero que le dices es: “Eres mucho más guapo que en la foto. Es más, ni siquiera tienes cara de malo…” Di tú que no iban a salir sonriendo, que los polis cuando les hicieron la foto les dirían: “Pon cara de malo que es para un cartel de “Se busca” no para que tu abuela la ponga en la mesilla de noche.” Aunque esa es otra, la policía cuando le hizo las fotos, ¿por qué no los detuvo? ¿Porque si no, no tenía emoción? ¿O es que no fue la policía quien les hizo la foto? A lo mejor tienen las fotos porque se dejaron el DNI en la escena del crimen.  O porque fueron a casa de sus padres y dijeron: “Oiga señora, ¿no tendrá por ahí una foto de su hijo? Es que verá, ha robado tres Banestos y lo estamos buscando…” Eso sí, al menos dan una facilidad, porque debajo de la foto ponen el nombre del delincuente en cuestión, así que puestos a memorizar, memorizas las dos cosas, y si te cruzas a uno y tienes dudas dices: “¿Antonio (o como se llame)?” Y si se gira es que es él.

Aún así lo mejor es que de vez en cuando te encuentras alguno de estos cartelitos con algunas caras tachadas a rotulador, indicando que a eses ya les han pillado. Que por un lado está bien porque dices: “Vale, nuestros cuerpos de seguridad no son eficaces al cien por cien pero algo hacen” y por otro piensas: “¿Hay un hombre en España que cada vez que detienen a un criminal buscado va por todas las estaciones y aeropuertos tachando su foto?”

De todos modos, no sé hasta que punto es útil tanto despliegue porque supongo que esos carteles también los verán los criminales, así que digo yo que o son muy gilipollas o en cuanto ven que su cara está decorando paredes se ponen una peluca y se dejan barba…

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Algunas cosillas sobre el Festival do Norte

Para la gente que organiza el Festival do Norte, soy una especie de hijo adoptivo, a base de ir tantos años y de tener una misma causa, la de defender las propuestas musicales de calidad en Galicia, nos hemos hecho buenos amigos. Y moñadas a un lado, cuando se acerca la fecha del Festival, en mis colaboraciones en prensa intento darle repercusión y explicarle lo que se pierden a la gente que lo desconoce, al tiempo que os guiño un ojo a los que sabéis de lo que hablo. Este año, han salido un par de cosillas, aquí os las dejo.

Hechos, mentiras y leyendas del Festival do Norte

Por fin empieza el Festival do Norte, hoy miles de personas hemos quedado para ir dos días de fiesta y de conciertos. Y mientras estemos allí, la gente nos contará de todo con tal de impresionarnos, algunas cosas serán hechos reales, otras serán mentira y otras leyendas imposibles de verificar. Estos ejemplos os ayudarán a distinguir qué clase de cosa es la que os están contando.

Hechos:

Vete a todos los conciertos. No faltes a ninguno o tus amigos te dirán que ese, justo ese, ha sido el mejor del festival.

No seas ingenua y no trates de engañarte, hay tres mil personas y estás en novena fila, el cantante no te miró a ti.

A veces la música está demasiado alta, pero a veces, tú estás pegado al altavoz, prueba a separarte unos metros.

Como La Bien Querida siga sonando en los 40 Principales, y lo que es peor, en los 40 Latino, el siguiente disco ni siquiera nos molestaremos en escucharlo.

No intentes engañarte a ti mismo diciendo: “Pillamos bebida y escuchamos los conciertos desde fuera”, sabes de sobra que desde fuera no te enteras de nada.

Chicas, aprovechad para ir al baño mientras suena “A cualquier otra parte” de Dorian, estarán todos libres.

Ese tío no está alucinado porque lleves una camiseta de Animal Collective ya que él también los entiende y admira su sonido. Ese tío está alucinado de que por fin, después de seis horas intentándolo, una tía le hace caso. Te diría lo mismo si la camiseta fuese de los Hombres G.

El Guincho es un perroflauta que va de moderno.

El segundo día NO estuvo más flojo que el primero. El segundo día tenías resaca.

Mentiras:

El Guincho es un perroflauta que va de moderno.

No voy a beber mucho, que si no, no me entero de los conciertos.

Yo ya llevaba Wayfarer antes de que estuvieran de moda.

Qué bien ha cantado J de los Planetas.

Preferimos ir de camping que de hotel, que siempre se montan buenas fiestas.

Menudo conciertazo se está perdiendo fulano por liarse con una tía, se va a arrepentir toda la vida.

Esto ya empieza a masificarse, me acuerdo de los primeros años del festival CUANDO AÚN NO VENÍAIS VOSOTROS, el ambiente era mucho más alternativo.

Cuando acaben los conciertos me piro, que mañana me voy a levantar para ver el documental de los Surfin’ Bichos.

Leyendas:

La entrada del Festival es tan barata porque Feijoo de siempre fue Indie y aporta pasta de su bolsillo para que pueda ir el máximo de gente posible.

Ariadna de Los Punsetes no se mueve en los conciertos porque pide un plus por bailar y nunca se lo quieren pagar.

Esa tía que parece que quiere ligar contigo, en realidad es una espía de Ramoncín, sólo quiere tomar nota de las canciones que cantas durante los conciertos para cobrarte los derechos.

Cañita Brava viene todos los años al festival, pero no sale nunca del backstage porque si no todo el mundo le pide hacerse fotos. El primer año que vinieron Delorean, salió a tocar los teclados en una canción.

Nudozurdo se llaman así por una canción de Ella Baila Sola.

Cuando el año pasado no pudieron venir Los Planetas, iban a ser sustituidos por la orquesta París de Noia*, incluso habían preparado una versión merengue de “La caja del diablo”, finalmente prefirieron ir al SÓNAR actuando bajo un pseudónimo.

El Guincho es un perroflauta que va de moderno.

*Una de las  orquestas que lo peta en Galicia.

Dos maneras de que te dejen ir al Festival do Norte

Empieza la temporada de festivales de verano y muchos, yo el primero, ya tenemos mono de pasarnos un fin de semana de buena música, cervecitas y fiesta. El problema es que para muchos ya se acercan los exámenes y en sus casas puede sentar regular anunciar que te piras tres días de juerga a Vilagarcía. Podéis plantear el tema de manera honesta:

—Mamá, el finde que viene no estoy.

—¿Y eso? ¿Te quedas en Santiago para estudiar?

—Me voy a un festival a Vilagarcía.

—¿Qué te vas a donde?

—A un festival.

—¿A un festival? ¿Los exámenes son dentro de nada y tú estás pensando en ir a un festival? Ponte a estudiar y si apruebas ya saldrás en verano.

—Pero es que el Festival es ahora, no en verano.

—Bueno, pues vas a las verbenas, que malo será que la Panorama no toque tres o cuatro veces por la zona y esos tocan un poco de todo.

—Ya pero es que yo no quiero ver a la Panorama**, quiero ver a Fanfarlo.

—¿Y desde cuando te gusta a ti Juan Pardo? Si siempre que lo pone tu padre le dices que lo quite.

—Juan Pardo, no, mamá, Fan-far-lo. Y JJ, y Nada Surf, y Los Planetas, y El Guincho, y Pete & The Pirates y…

—¡Para, para! Que a mí con eses nombres es como si me hablaras en chino. ¿Cuánto dura el festival?

—Dos días.

—¿Y te vas a pasar dos días de fiesta a estas alturas del curso? Y encima no serán sólo dos días, porque el lunes estarás cansado y de resaca y ni siquiera pisarás la facultad.

—Mamá, sabes que soy responsable, además he estado adelantando el trabajo para poder tener el día libre.

—¿Tú adelantando algo? ¡Ja! Tú lo único que querrás adelantado es la paga, para bebértela.

—No confías en mí. Acuérdate del año pasado, fui y luego aprobé las seis que tenía.

—¡Pero cuatro en septiembre!

—Bueno, algo tendré que hacer en verano, que no todos los días hace tiempo de playa. Además necesito relajarme un fin de semana antes de encerrarme un mes y medio a chapar…

—¡Mira! ¡Haz lo que te de la gana!, Total, lo vas a hacer de todas formas…

Y os vais para Vilagarcía con la presión de que al primer suspenso el festival aparacerá como un reproche que además os será recordado año tras año cada vez que la situación se repita. Por eso, y por aquello de que es mejor una mentira piadosa que una verdad dolorosa, os recomiendo plantear el tema de una forma un pelín más deshonesta pero infinitamente más eficaz:

—Mamá, el finde que viene no estoy.

—¿Y eso? ¿Te quedas en Santiago para estudiar?

—Sí… Me quedo en Santiago a estudiar… Por cierto, no me llames que voy a estar todo el día metido en la biblioteca…

Eso sí, si os vais a decantar por esta última opción, recordad que salir de casa con la tienda de campaña no favorece en absoluto vuestra credibilidad.

Nos vemos en el Festival y si no váis, no me digáis que ha sido porque no os han dejado en casa.

**La otra orquesta que lo peta en Galicia.

La salchicha asesina


En Estados Unidos, el principal grupo de pediatría ha solicitado el rediseño de las salchichas para reducir el riesgo de atragantamiento de los niños. Lo primero que habría que preguntarse al oír esto es de qué tamaño son las salchichas que comen los niños americanos. Porque yo no veo que peligro hay en comer una salchicha normal, otra cosa es que sean tan brutos que les den a los niños Frankfurts gigantes de cinco centímetros de diámetro. O que ya los atiborren de Hot Dogs y Cuartos de libra con queso antes de que les salgan los dientes. Que los americanos para eso de la comida son más brutos que una abuela gallega el día de las fiestas patronales y lo mismo llega un padre con el bebé al burger y le dice al camarero: “Para mí un Hot Dog XXL y para el chaval uno normal que aún no tiene dientes y además no creo que tenga mucha hambre que su madre le acaba de dar el pecho…” Porque yo os lo juro, he conocido a gente que se ha atragantado con espinas de pescado, con trozos de filete, con pipas y hasta con pan, pero con salchichas, jamás. Es más, las salchichas existen desde que hace 3.500 años los babilonios empezaron a rellenar intestinos con carnes especiadas, así que yo creo que si fuesen tan peligrosas, alguien se habría dado cuenta en todo este tiempo.

Pero imaginaos que la reclamación va para adelante y que deciden rediseñar las salchichas, ¿qué forma le darán? ¿Qué forma debe tener una salchicha para ser segura? ¿Qué forma es menos peligrosa que la de un churro de carne estrecho y alargado? Si las hacen cuadradas todavía será peor, y si las hacen triangulares, habría peligro de desgarrarse la garganta con las puntas. A lo mejor se limitan a colocarles un cordoncito en el extremo, como los tampones, así en caso de atragantarte puedes tirar del cordón y extraerla.  O a lo mejor tienen que ser huecas por el medio, como los macarrones, para que en caso de que se te quede atascada en la garganta circule el aire, o puedas introducir una cánula al menos. Lo que sí que está claro es que es mejor tomarlas fritas que a la plancha, que como el aceite es un lubricante se deslizarán mejor por la garganta.

Imagino que también tendrán que catalogar los tamaños de salchicha por edades, o directamente, prohibírselas a los menores como el tabaco. Todos los burgers tendrán un cartel en la puerta que diga: “En este establecimiento no se sirven salchichas a menores de 18 años”, y en los paquetes aparecerá una advertencia: “Comer salchichas puede producir atragantamientos mortales”. Me imagino a un padre americano el día que su hijo celebra la mayoría de edad diciéndole: “Enhorabuena chaval, ya eres un hombre, ya puedes votar, conducir y comer salchichas de treinta centímetros con doble de patatas…”

Además, ¿qué pasa con el resto de comidas con forma  cilíndrica? ¿También querrán que se rediseñen? Porque como pidan también el rediseño de los plátanos, se lo veo chungo…

De todas formas, los principales perjudicados con esta medida no serán los consumidores ni los propios fabricantes, serán las principales marcas de pan de molde, que se verán obligadas a realizar espionaje industrial para ser los primeros en lanzar un bollo acorde con el nuevo prototipo salchichero y así sobrevivir a este revés del mercado.

Y hay otra cosa en la que seguro que nadie ha pensado, si las salchichas cambian de forma, ¿cómo llamaremos ahora a los perros salchicha? ¿Perros morcilla de Burgos? ¿O simplemente “serán la raza de perros antes conocida como perros salchicha” en plan Prince?

En fin, que yo creo que lo único que tienen que hacer los pediatras es explicarle a los padres que no pueden permitir que sus hijos sean tan golosos como ellos y que no dejen que se zampen las puñeteras salchichas de un bocado.

Power Balance

Últimamente a mucha gente se le da por llevar una pulserita de plástico llamada Power Balance. ¿Que qué es está pulserita? Pues según el fabricante, Power Balance es un holograma en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo, fabricado con MYLAR. Que lo de “mylar” suena así como a un material secreto de la NASA, pero es  como llaman los americanos al Polietileno Tereftalato, dicho con siglas PET, o lo que es lo mismo, el plástico de las botellas de agua, así que no os dejéis impresionar por el nombre.

Hasta aquí todo bien, una pulsera de plástico que está de moda. Pero es que la gente no la lleva por cuestiones estéticas, la lleva porque según sus fabricantes mejora tu fuerza, tu energía, el equilibrio y la coordinación y también la resistencia, el tiempo de recuperación, la flexibilidad, el enfoque y la concentración. Para flipar. Vamos, que te la pones puedes partir muros de hormigón con el culo, chuparte el codo y hacer gimnasia rítmica en un vagón de montaña rusa en marcha y todo esto sin cansarte lo más mínimo y al tiempo que mueves objetos por telekinesis. La Power Balance es así de maravillosa. De hecho, una vez se la pusieron a un conejito de Duracell y dio tres vueltas al mundo tocando su tambor. ¡En dos horas!

Supongo que todas estas mejoras que el holograma de MYLAR produce en nuestro estado físico ya os habrán hecho saltar de vuestra silla para ir a comprar una, pero si no es así, esperad a saber lo que reduce: el dolor, y la influencia de los campos electromagnéticos. Para flipar aún más. Es decir, que con ella puesta te pegas un martillazo en un dedo y ni te enteras. Y además si estás harto de que, cuando te acercas a la nevera, los imanes salten a tu piel, te pones la pulserita y dejará de ocurrir.

Y por si esto no fuera poco, se puede mojar. ¡Menos mal! ¡Sólo faltaría que te convirtieses en un súper hombre por llevar una pulserita y luego todos tus poderes se fuesen a tomar por culo por una salpicadura! De hecho, yo estoy convencido de que Superman no es de otro planeta, es un tío normal con diez pulseras Power Balance.

Para colmo, cuentan con famosos apoyando su uso, entre ellos Guti, que sigue sin poder aguantar corriendo medio partido, pero ya no hay after que se le resista y a las siete de la mañana se bebe copazos como si fuesen las diez de la noche. Y la infanta Elena, que supongo que está ahí por aquello de que la excepción confirma la regla.

Llegados a este punto, os estaréis preguntando, ¿cuánto cuesta convertirse en esta mezcla de Hércules, Buda y Aquiles (sin punto débil en el talón)? Pues más o menos unos 35 euritos. Que es muy poco si de verdad creéis que ésto va a ocurrir y es mucho si simplemente os parece un adorno de plástico. Vosotros juzgáis. Eso sí, como siga viendo cada vez a más gente con ella puesta, el mes que viene saco a la venta unos Power Macarrones que aumenten la masa cerebral. A ver si así la gente se vuelve sensata y deja de comprar gilipolleces, y yo de paso, me forro a su cuenta.

*Aquí os dejo la prueba de que funciona y que ellos mismos muestran orgullosos en su web. Igual es cosa mía, pero a mi me parece una de las demostraciones más fuleras de la historia…

Actualización >>

FACUA denuncia las pulseras Power Balance ante las autoridades sanitarias

Por atribuirles propiedades seudomilagrosas, como el aumento de la fuerza, la flexibilidad y la resistencia, y usar testimonios de famosos.

Las calculadoras científicas

Una calculadora con bata, ¿es una calculadora científica? La respuesta es no. Las calculadoras científicas son unos cacharros mucho más complejos, o al menos yo nunca llegué a entenderlos.

Para mí en el instituto, lo más difícil para aprobar mates o física era conseguir entender la puñetera calculadora. Un buen día llegas a clase y tu profesor te dice que te tienes que comprar una calculadora científica, que a todo esto, las calculadoras científicas de científicas no tienen nada, porque que yo sepa, tú encierras a cincuenta calculadoras en un laboratorio durante diez años y no desarrollan una vacuna. Son en todo caso, calculadoras para científicos, que si vamos a eso, el boli Bic con el que haces los exámenes de física, también es un boli científico y mi PC con el Autocad de cuando estaba en la carrera, un ordenador arquitecto. Pero el caso es que para un estudiante el momento de empezar a usar una calculadora científica es como para un novio cuando su novia le dice que le va a presentar a sus padres, significa que la cosa empieza a ir en serio, sea la cosa la relación o los estudios. Pero si unos suegros son difíciles de entender, las calculadoras lo son más. Al menos los suegros de entrada parecen personas normales, las calculadoras científicas tienen dos mil botones, asustan desde el primer momento. Se suelen componer de dos partes bien diferenciadas, una con botones grandes y que es como una calculadora normal, y otra con botones minúsculos con abreviaturas indescifrables, que si llegar a saber para qué sirve cada uno es complicado, están tan pegados que acertar a pulsar en el que quieres usar es imposible. Están hechas a mala hostia. De hecho, yo creo que hay botones que no sirven para nada, sólo para qué te equivoques, que a veces no sabes si estás resolviendo un problema de matemáticas o jugando al buscaminas. Que yo tengo un amigo que se hizo físico nuclear e ingeniero aeronáutico sólo para ver si conseguía usar todas las funciones de la calculadora y aún así no fue capaz.Algunas teclas las llegué a odiar con toda mi alma, lo que más me cabreaba era que tuvieran dos paréntesis pero en el medio no hubiera un Kit-Kat. Y cuando creías que ya habías descifrado todas las abreviaturas y signos de las teclas, descubrías que encima llevaban escritas otras tantas abreviaturas o signos, que eran funciones alternativas. Y no sólo eso, si no que eran las que más se usaban, por lo que cada vez que tenías que hacer una operación tenías que pulsar “Shift” entre tecla y tecla para activar esas funciones, por lo que el riesgo de cagarla se multiplicaba por dos. ¡Qué presión! Darle al “Shift” antes de cada operación, ¡es imposible acordarse siempre! ¡Aún hoy no me acuerdo todos los días de levantar la tapa antes de mear y lo llevo haciendo veintipico años! Además, si te olvidas de levantar la tapa siempre puedes pasar un papelito y luego lo tiras al wáter, si te olvidas de pulsar “Shift” lo que va al wáter es tu trabajo de fin de curso.

Por eso estoy seguro de que la calculadora científica la inventó una madre. Sólo alguien así de previsor podría crear un aparato tan infernal, e igual que cuando estás haciendo la maleta para irte un fin de semana a la playa, te acaba metiendo un jersey de lana por si hace frío, un smoking por si en el chiringuito exigen etiqueta y hasta unos esquís por si de camino hay una montaña con nieve; a la calculadora le puso un montón de funciones de más por si en el recreo del instituto se te da por enriquecer uranio o calcular la velocidad de un meteorito a su paso por Saturno.

Pero lo peor de todo era que cuando por fin conseguías entenderte lo suficiente con la calculadora como para plantarle cara a la materia que estabas estudiando, llegabas al examen y te decía el profesor: “Os recuerdo que no se puede usar calculadora…”

¿Coses o peinas?

“¿Coses o peinas?” Eso es lo que le debió preguntar Gallardón a su señora para ligársela, viendo la maravillosa iniciativa con la que nos ha sorprendido su consistorio con motivo de la celebración del día de la mujer el próximo 8 de marzo: un Taller titulado “Las mujeres no pierden el hilo. Aprende a diseñar y a confeccionar tu ropa” Con dos huevos. ¡Con razón escribía Steig Larsson que los hombres no amaban las mujeres, habían dejado de coser!

Me imagino a Gallardón de joven, con pañuelo y gorra de chulapo en la verbena de San Isidro, ve a una moza con un aire a las de las ilustraciones de “La Sección Femenina” y piensa “esta es la mía”, se le acerca y le suelta: “Se me ha descosido un botón, ¿me lo coses? Es el de la bragueta…” Ella mira extrañada, pero sin perder sus modales españoles, al sitio indicado y él añade: “Si te es más cómodo me quito los pantalones, la aguja es eso alargado que tiene un agujerito en la punta…”

Supongo que la iniciativa nació tras un exhaustivo análisis de las necesidades del colectivo femenino hoy en día. En pleno brain storming con olor a puro alguien debió sugerir: “Estamos en tiempos de crisis y qué mejor medida para empezar a paliarla que animar a las señoras a que dejen de comprarse trapitos y se los hagan ellas mismas… Eso sí, dejadle claro a la profesora del curso que nada de enseñar a hacer escotes ni minifaldas, que con tanta provocación pasa lo que pasa, hay violaciones y pagan justos por pecadoras…” “¡Excelente!”, debió exclamar entonces Don Alberto y añadir a continuación: “De esta manera nuestras mujeres estarán entretenidas haciendo lo que más les gusta y los hombres podremos estar en el bar jugando al mus tranquilamente y sin tener que dar explicaciones…” “Ya no quedan maridos como nosotros…” “No hace falta que lo jures”, dirían otros presentes…

Es que la cuestión es peliaguda, porque si la señora de turno decide ir por propia voluntad, estupendo, pero si no, ¿quién es el marido guapo que se lo propone? Me imagino a un marido leyendo el anuncio del curso en la prensa y diciéndole a su mujer: “Cariño, ¿por qué no celebras tu feminidad haciendo un curso de costura?” Y la mujer: “Te voy a dar una patada que te voy a meter los huevos para adentro, y así puedes venir tú conmigo, ¿qué te parece corazón?”

Y para acabar de rematarla a esta genial propuesta se le suma la de la organización del “Primer concurso de postres caseros” ¡Di que sí! Una cosa es que fomentemos la igualdad entre sexos y otra muy distinta que las mujeres olviden su origen: La cocina. No hay que olvidar que a los hombres, de toda la vida se les ha conquistado por el estómago. Y por esto mismo es importante recordarle a las participantes que los postres siempre se harán para que se los coman sus maridos, nunca para compartir, no nos gustan las mujeres gordas.

Visto el panorama, sólo falta un curso de lavado y planchado, pero la organización ha considerado que “todas las mujeres del mundo saben lavar y planchar, eso está incluido en la herencia genética.”

Feliz día del ama de casa, digo…, de la mujer.

Porno público

Hace unos días un hacker provocó un atasco que paralizó Moscú al poner una peli porno en una súper pantalla publicitaria de 6×9 metros del centro de la ciudad. Personalmente a mí no me parece mal, siempre y cuando no lo haga en horario infantil. Sin embargo, leo en la prensa que lo han detenido, cuando lo que yo creo que le deberían haber hecho a ese hombre es un monumento, porque estoy convencido de que las consecuencias de esta broma, que tan mal ha sentado en el Kremlin, serán excelentes:

Dentro de nueve meses asistiremos al mayor baby-boom de la historia de Moscú, lo primero que han debido hacer miles de moscovitas calentorros al entrar por la puerta de su casa es zumbarse a su mujer. Muchos de ellos estoy seguro de que, embargados por el fetichismo, le han pedido antes a sus respectivas que se pongan unos buenos tacones de aguja en sus pies. La venta de zapatos de tacón se disparará en un país en el que por estas fechas sólo se venden katiuskas, haciendo aumentar el PIB del país un 8%. A pesar del invierno polar que atravesamos, esa noche en Moscú se apagaron cientos de miles de calefacciones, ya que los habitantes de las casas aplicados en sus labores amatorias generaban calor más que de sobra. La crisis energética sufre su primer receso en años en la capital rusa. Por otra parte, las arcas del ayuntamiento también han recuperado el esplendor que no tenían desde la época de los zares puesto que los parquímetros han recaudado cantidades históricas, pues, aunque la mayoría de los curiosos sólo paraban unos minutos en doble fila para ver una escena de la peli, muchos aparcaban porque se querían quedar a ver como acababa. Querían saber si al final la chica se casaba con el rubio que se parecía al malo de Rocky IV, con el negro de dos por dos (por veinte), o con el caballo. Además, el hacker, que trabaja como taxista, confesó que ese día casi no pudo hacer ninguna carrera, todos los hombres tenían la mano demasiado ocupada como para levantarla para pedir un taxi. Este hecho ha provocado que los ciudadanos optasen por desplazarse caminando y hoy Moscú ya es la ciudad con la media más baja de colesterol por habitante del mundo. Por esta misma razón onanística, los vendedores de kleenex de los semáforos son actualmente el segundo lobby más importante de Rusia sólo por debajo del gasífero. Para colmo, la única pega, que es la guarrada de fluidos en la que se ha convertido la plaza donde han puesto la peli, apenas se nota ya que la ciudad está cubierta por la nieve…

Para que luego digan que la industria del porno sólo sirve para alimentar la lujuría de un grupo de pervertidos. Zapatero toma nota: si quieres que nos libremos de esta crisis de una vez, a partir de ahora “ZP” tendrá que ser sinónimo de “Zona Porno”, y tendrá que haber una en cada ciudad. Piénsalo, no pierdes nada y lo peor que nos puede pasar es que nos echemos unas risas.


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