Archivo para 4/02/10

Nueve millones por un Picasso

Lo malo de ser pintor es que aunque vendas cuadros en vida, jamás serás tan cotizado vivo como muerto. Leo en la prensa que esta semana se han pagado nueve millones de euros por un Picasso (Tete de femme, un retrato de su esposa Jacqueline de 1963), y sin ser para nada un precio récord, es un pastón que flipas. Es cobrar más o menos lo mismo que Cristiano Ronaldo en un año, trabajando todavía menos. Porque a mí no me jodáis, pero estoy seguro que a Picasso no le llevó ni lo que duran dos partidos pintar ese cuadro. Y no lo digo porque sea malo, ojo, lo digo porque al tío se le daba bien pintar y además supongo que tendría práctica.

Yo creo que si Picasso hubiese podido vender los cuadros en vida a nueve millones de euros, del Guernica sólo hubiera pintado el toro. Habría dicho: “Yo pinto un toro y con esto tiro dos años… Si veo que el casero me sube la renta pinto también un caballo, pero si no que le den por saco…” Nos guste o no, si le diésemos en vida a los pintores la cotización que tienen en muerte, no habrían pintado ni la mitad de sus obras. Ya me estoy imaginando a Leonardo da Vinci, recibiendo el encargo de La última cena, diciendo: “¿Que pinte a Jesús con doce apóstoles? Te pinto tres y vas que te matas…”

De todas formas, a quien me gustaría conocer de verdad es a la gente que paga esos pastizales por los cuadros. Que yo no digo que no sea una exageración, que si al comprador le gusta y tiene el dinero hace bien en comprarlo. Otra cosa es si no lo tiene, que hipotecarse por un cuadro está muy mal, en mi caso por ejemplo, mi madre se enfadaría muchísimo si se enterase de que me he gastado nueve millones de euros en un Picasso y estoy pagando la lavadora a plazos, que la lavadora es algo necesario y el Picasso no deja de ser un capricho. Pero como creo que en la mayoría de los casos, los compradores de arte no pagan sus electrodomésticos a plazos, lo que me pregunto es lo siguiente, ¿dónde lo pones? ¿Compras un Picasso y donde lo pones? En el recibidor no puedes. No, porque si viene el pizzero y te ve el Picasso colgado frente a la puerta, te pongas como te pongas, no tienes excusa para no darle propina… Si no tienes cambio de 50 le das el billete, pero no le puedes negar la propina a un tío que te está viendo que tienes un Picasso en tu casa. ¡Que por lo que te ha costado el cuadro te podías haber comprado la mitad de las acciones de Telepizza! Y es que no es fácil buscarle sitio a un Picasso, en la cocina se llena de humo, en el baño se pone húmedo, en el salón… en el salón podría estar, pero si pones un Picasso en el salón, ¿cómo lo amueblas? Porque lo que está claro es que no puedes tener un Picasso en el salón y los sofás de Ikea. Tienes que poner todo a la altura del cuadro, en vez de moqueta, tapices persas, en vez de ventanas, vidrieras góticas. Que si tus invitados te dicen: “¿Lo de la pared es papel pintado?” Tú contestas: “Sí, pintado por Sorolla. Nos costó a 4 millones el metro, pero ha quedado bonito.” Así que sólo nos queda el dormitorio, pero basta que cuelgues en él un cuadro de una tía por muy de Picasso que sea, para que lleves a tu novia y te diga: “¿Y esa quien es…?” Y tú: “La mujer de Picasso” “¿Y por qué la tienes ahí, te enrollaste con ella?” “No, porque es un Picasso…” “Me da igual de quien sea, no quiero ver a esa tía ahí…” Total, que al final acaba el cuadro en el cajón y Picasso sin ver un euro de los nueve millones que ha costado. Jamás entenderé el arte.

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